LOS PORTALES ALQUÍMICOS
By Dores Sacquegna
“De todos es sabido que las obras de arte más antiguas surgieron al servicio de un ritual, primero mágico, después religioso”, Walter Benjamin.
Con “I Portali Alchemici” (“Los Portales Alquímicos”) de Sonia Giavitto, entramos en una dimensión insólita del arte contemporáneo, un universo creativo, impregnado de ritos, espiritualidad, alegoría, conocimiento, energía, temporalidad.
...
Para comprender mejor la obra entera de la artista, invito al espectador a observar atentamente las piezas y regresar con la mente hacia atrás, a la antigüedad, cuyas religiones de naturaleza esotérica se valían de ritos conectados a la entidad energética diferenciada.
El ser humano, es decir, el microcosmos es la imagen individualizada y diferenciada de esta energía, que se utilizaba en cada ocasión para poseer su poder.
El contacto con las fuerzas energéticas – apoyado en el estudio y la práctica de disciplinas orientales, como el yoga – la atracción por la materia y su sacralidad, un regusto arcaico y cognoscitivo de la alquimia, el conocimiento de religiones relacionadas con la naturaleza y la esencialidad de la vida, han ejercido sobre la artista un poder espiritual que la lleva a la armonía interior y a una experimentación continua de técnicas y materiales, cuyo estilismo se mueve desde el post-figurativismo a lo conceptual.
La artista plasma la terracota polícroma, esculpe la madera, ensambla cristales, hierro fundido y elementos mecánicos en un continuo juego de objeto encontrado (ready-made), cuyo resultado engendra un ambiente meta-temporal, suspendido entre un pasado evocativo y un presente futurible. Asoman así desde la esencialidad de las formas, verdaderos totems, definidos por ella “Stargates”, las puertas del Cielo.
En la cosmología antigua se consideraba la existencia de dos portales o “Stargates”, allí donde la elipse del Sol (la aparente órbita solar) cruza la Vía Láctea: uno, situado en el hemisferio norte, en Sagitario, y el otro, en el sur, en Géminis, encima de la “clava” de Orión. Esta antigua creencia pasó luego a la Cristiandad Gnóstica y hasta la fecha aparece simbolizada en las dos llaves de las manos de San Pedro, como guardián de las dos puertas del Paraiso.
Los símbolos mítico-rituales han sido motivo de investigación, de reintegración de los contenidos. Estos configuran y vuelven a recuperar la historia perdida como magia o pérdida de los valores y de las tradiciones culturales arquetípicas.
Las obras de Sonia Giavitto emanan un aura sacra, alquímica, y los temas de sus piezas son el laberinto de Dédalo, el Tiempo, el Espacio y el Mito. No hay historia sin mito: el mito relata historias de hombres que se buscan, se pierden y después mágicamente se reencuentran.
Mito y energía ayudan a la artista a resolver dinámicas complejas sobre el arquetipo de la pareja, como por ejemplo “Los esposos (homenaje a Caruso)” o “Jeev & Deb Jeev (Los esposos)” o “La esposa Austriaca” o incluso “El Narcisista”.
Obras complejas, de complicada lectura, pero al mismo tiempo magnéticas, antropomorfas, surrealistas.
Sus esculturas tienen a menudo formas cónicas, rostros alienantes con cabezas de rapaces, candados con una combinación situados en el corazón, llaves y objetos tomados en préstamo de la cotidianidad. Piezas que salen de un territorio abstracto donde lo arcaico y lo onírico se funden con lo tecnológico; donde el Dios que se esconde en la materia, atrapada por el fuego, crea sorprendentes juegos cromáticos.
Interesante también la serie de las “Casas” cuya composición geométrica manifiesta un atento análisis plástico y colorístico. Ver la “Casa de los Esposos”
Aquí la artista realiza verdaderos y propios escenarios inspirados en la pre-modernidad de la primera parte del siglo XV, en algunos casos incluso al gusto bohemio. Un “teatro del doble” como decía A. Artaud, que juega sobre el dualismo armónico y tonal del negro, rojo, amarillo y azul.
Las cajas mágicas de Sonia Giavitto son “los lugares del alma” unidos a la tierna alusión de la vida en pareja. Son los lugares en los que la realidad banal se exhibe y revive a través del sentimiento de pérdida de algo irrepetible y/o personal.
Habitaciones, abandonadas por misteriosos ocupantes, se abren a visiones indiscretas, violaciones de intimidad ficticias, cómplices la ventanas y los espacios abiertos.
La tridimensionalidad y la expresión de la artista, su modo elegante de comunicar a través de la teatralidad, de la representación escenográfica de lugares elegidos por la experiencia visual del flanèur, un juego de espejos entre interior y exterior. Un viaje, así pues, que Sonia provoca gracias a la memoria hecha de recuerdos, sensaciones, angustias: un voyerismo conectado a nuestra relación con la realidad y que nos lleva a observar desde afuera, lo de adentro.
Un empujón para sentirse como Alicia al entrar en el País de las Maravillas, en el lugar donde se origina la visión.
El resultado es sugerente. Con las obras de Sonia Giavitto, se viaja por un espacio dilatado, en un tiempo suspendido, donde el elemento natural encuentra al hombre, o mejor aún...sus huellas.